Elevó México su dependencia al gas natural de Estados Unidos
Tras el anuncio de la reciente inversión de gasoductos en el país, se provee que no disminuya a corto plazo la dependencia del gas natural proveniente de Estados Unidos
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado una inversión de 140,904 millones de pesos (mdp) destinada a la modernización de la red de gasoductos en México. Sin embargo, es poco probable que esta inversión reduzca, en el corto plazo, la elevada dependencia del país en las importaciones de gas natural, una situación que se ha intensificado durante la última década.
Desde 2016, las importaciones de gas natural desde Estados Unidos hacia México han aumentado significativamente, mientras que la producción nacional por parte de Petróleos Mexicanos (Pemex) ha mostrado un decremento sostenido, según datos oficiales. La Administración de Información Energética (EIA) reportó que en 2025, las exportaciones de gas natural de EE. UU. hacia México alcanzaron un récord histórico de 2 billones 422,855 millones de pies cúbicos, lo que representa un incremento del 75.91% en comparación con el billón 377,305 millones de pies cúbicos recibidos en 2016.
El aumento en las importaciones coincide con una caída en la producción interna, que se ha mantenido por debajo de los 70 millones de pies cúbicos diarios desde 2016, cerrando en 54.9 millones en 2025. Oscar Ocampo, director de Desarrollo Económico, señaló que aproximadamente el 75% del gas natural consumido en México es importado, principalmente desde Texas, aunque también desde California y Arizona. En este contexto, Ocampo considera poco probable que esta dependencia disminuya durante el sexenio de Claudia Sheinbaum. “En el corto plazo, de aquí a 2030, no va a suceder porque primero se necesita poner en marcha los proyectos y luego ver los resultados”, comentó.
La presidenta ha impulsado diversas estrategias con el objetivo de alcanzar la llamada soberanía energética, un concepto heredado de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. La más reciente abarca una inversión de 140,904 mdp para modernizar la red de gasoductos entre 2026 y 2030. Actualmente, México cuenta con 21,149 kilómetros de gasoductos, operados principalmente por el Centro Nacional de Control de Gas Natural (Cenagas), que administra 10,087 kilómetros (48% del total), seguido por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con 7,666 kilómetros (36%), y los 3,396 kilómetros restantes son gestionados por Pemex y empresas privadas.
Se prevé un aumento del 8.2% en la red nacional de gasoductos para 2030, alcanzando un total de 23,289 kilómetros. Este plan incluye la construcción de 11 nuevos tramos que agregarán 1,750 kilómetros adicionales para Cenagas y CFE, así como trabajos de mantenimiento en la infraestructura existente. De la inversión total, 53,812 mdp estarán destinados a proyectos operados por la CFE y otros 87,000 mdp a infraestructura controlada por Cenagas.
En marzo, la IEA advirtió sobre las limitaciones en la infraestructura de ductos y la escasa capacidad de almacenamiento de gas natural en México. Ocampo mencionó que aunque el país cuenta actualmente con aproximadamente dos días y medio de almacenamiento, esta capacidad no puede utilizarse plenamente debido a las características técnicas de las terminales, que no permiten un vaciado inmediato.
La importancia del gas natural en México está estrechamente relacionada con la generación de electricidad. Entre enero y marzo de este año, el 60.1% de la energía eléctrica producida en el país provino de centrales de ciclo combinado, según datos del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace). Esta cifra supera considerablemente a las fuentes de generación alternativas, como la energía eólica (8.0%) y la hidroeléctrica (7.9%).
En este contexto, un experto del IMCO advirtió que una eventual interrupción en el suministro de gas natural proveniente de Estados Unidos podría dejar a México prácticamente sin electricidad, causando una parálisis económica. Además, el gas natural juega un papel crucial en la transición energética del país, ya que es reconocido como un combustible de transición y menos contaminante en comparación con otras fuentes, como el carbón o el combustóleo.